Eso era el viento del norte.
Lo había sentido en más de una ocasión en todos sus viajes al extranjero, e incluso había tenido la ocasión de palparlo.
Pero ahora... ahora era distinto. Ahora no lo sentía del mismo modo que antes.
Antes era una liberación poder contar con su colaboración, le hacía sentir que realmente estaba haciendo lo correcto.
Pero no era así esta vez. Esta vez, el mismo viento le indicaba que no hacía lo que debía hacer. Que no viajaba para satisfacer a los demás, si no para satisfacerse a ella de un modo incorrecto.
Mario, su marido, le había pedido que no viajara más. Paúl, su hijo de apenas 9 años, le había no dicho, si no rogado, que se quedara en casa. Pero el problema era que ella no quería.
Ella quería volver a sentir el frío viento que se adentraba en su cabello y lo hacía flotar en el aire, quería que le acariciara la cara y le hiciera sentir que todo su cuerpo estaba helado. Ella quería ir al norte otra vez para encontrarse con ése viento.
Para ella, era cómo su razón de existir.
Viajar al norte y descubrir que nunca se hace de noche, o que, al mismo tiempo, nunca se hace de día. Ver parajes vikingos que no podría ver si se quedaba en casa.
Por ese motivo habían discutido esa noche: por el viaje que quería hacer a Suecia en las siguientes dos semanas.
Y ella estaba furiosa debido a la falta de comprensión de Mario y de Paúl.
Bueno... a su hijo no le podía culpar demasiado porque sólo tenía nueve años, pero que, al mismo tiempo, no lo entendiera, la enfadaba.
Entonces las cortinas que colgaban de la ventana se adentraron hacia la habitación, y dejaron pasar un aire helado.
O más bien dicho, al viento del norte.
Y entonces lo comprendió: comprendió el por qué no debía hacer ese viaje.
Era por su familia, que le pedía que se quedara en casa y sintiera el frío des de su propia cama.
Sonrió para sí misma mientras se dejaba mecer por un aire suave y helado que, poco a poco, la iba adormeciendo.
Podía sentir el viento de norte desde su propia cama. No necesitaba viajar a Suecia.
miércoles, 7 de septiembre de 2011
jueves, 18 de agosto de 2011
Els ulls de la Laura
Com estimar... Ningú no s'ho ha preguntat mai?
Des que la Laura es va morir, jo m'ho he preguntat constantment.
Ella sabia estimar. I no solament perquè fos una gran persona, sinó que ella mirava a la gent amb uns ulls diferents als meus. Per ella, les persones erem uns jardins preciosos on només i florien esplèndides roses irradiant benestar, o uns pomers que tenien delicioses pomes tot l'any, fos com fos.
Per això era tan valuosa la seva vida... i suposo que per això Déu se la va endur, perquè ja n'havíem gaudit prou. Tot i així... tot i així no deixo de recordar-la.
Ara, quan miro a la gent, intento utilitzar els ulls de la Laura, veure les esplèndides roses irradiant benestar, o les delicioses pomes del pomer... però encara no puc.
Quan miro a una persona sola, no puc veure res més que no sigui la marginació que l'envolta. La Laura, en canvi, podria veure-hi la capacitat de raonament, indepèndencia i, fins i tot, podria veure-hi un toc de misteri que la feia interesant. Jo, per més que m'hi fixava, no aconseguia veure-hi res més que marginació... molta marginació.
Ella era... era com una llum que no feia cas dels perills, perquè no n'hi havia, i tu t'ho creies i continuaves endavant, confiada.
La Laura mai va dir a ningú, i molt menys a mi, que tenia càncer.
Es va morir de càncer mentre tothom al centre es pensava que la vital, optimista, riallera i positiva Laura, tenia un refredat... i no pas que s'estava morint de càncer.
Ella era així. Segurament li feia mal que no l'anéssim a veure, però mai volia que tinguesim una imatge d'ella com una persona que depén de medicina per a sobreviure. Bé... no es que ens ho digués així, però tothom tenia aquella idea de la Laura. I, junt amb aquesta idea, se'n va anar.
I jo encara continuo intentant utilitzar els seus ulls per veure a la gent. Per veure que un maltractador és una persona astuta, que el pallaso de la classe realment fa gràcia, que un treballador que s'adorm dilluns al matí sí que sap divertir-se els diumenges a la nit, que un conservador aprèn bé el que li enseñen de petit. Però jo, en aquestes persones només hi veig crueltat, estúpidesa, incompetència i vell d'esperit.
Però és ben normal perquè, després de tot, no sóc la Laura.
Des que la Laura es va morir, jo m'ho he preguntat constantment.
Ella sabia estimar. I no solament perquè fos una gran persona, sinó que ella mirava a la gent amb uns ulls diferents als meus. Per ella, les persones erem uns jardins preciosos on només i florien esplèndides roses irradiant benestar, o uns pomers que tenien delicioses pomes tot l'any, fos com fos.
Per això era tan valuosa la seva vida... i suposo que per això Déu se la va endur, perquè ja n'havíem gaudit prou. Tot i així... tot i així no deixo de recordar-la.
Ara, quan miro a la gent, intento utilitzar els ulls de la Laura, veure les esplèndides roses irradiant benestar, o les delicioses pomes del pomer... però encara no puc.
Quan miro a una persona sola, no puc veure res més que no sigui la marginació que l'envolta. La Laura, en canvi, podria veure-hi la capacitat de raonament, indepèndencia i, fins i tot, podria veure-hi un toc de misteri que la feia interesant. Jo, per més que m'hi fixava, no aconseguia veure-hi res més que marginació... molta marginació.
Ella era... era com una llum que no feia cas dels perills, perquè no n'hi havia, i tu t'ho creies i continuaves endavant, confiada.
La Laura mai va dir a ningú, i molt menys a mi, que tenia càncer.
Es va morir de càncer mentre tothom al centre es pensava que la vital, optimista, riallera i positiva Laura, tenia un refredat... i no pas que s'estava morint de càncer.
Ella era així. Segurament li feia mal que no l'anéssim a veure, però mai volia que tinguesim una imatge d'ella com una persona que depén de medicina per a sobreviure. Bé... no es que ens ho digués així, però tothom tenia aquella idea de la Laura. I, junt amb aquesta idea, se'n va anar.
I jo encara continuo intentant utilitzar els seus ulls per veure a la gent. Per veure que un maltractador és una persona astuta, que el pallaso de la classe realment fa gràcia, que un treballador que s'adorm dilluns al matí sí que sap divertir-se els diumenges a la nit, que un conservador aprèn bé el que li enseñen de petit. Però jo, en aquestes persones només hi veig crueltat, estúpidesa, incompetència i vell d'esperit.
Però és ben normal perquè, després de tot, no sóc la Laura.
miércoles, 29 de junio de 2011
La asesina del hombre de Cuenca
Lo que no puedo decir és el por qué de las cosas.
Sí, soy yo y estoi aquí haciendo esto, pero no puedo decirte porqué soy yo o porqué estoi aquí o porqué hago esto. Simplemente, hay que ver los hechos y no las causas de estos. Al menos, eso pensaba yo antes. Antes, al menos, de conocerte.
Sí, sí, no hagas cómo si no hubiera pasado nada. Tú y yo, somos como el cóctel invencible, y por eso pensé que las causas no importaban siempre que los hechos ocurrieran.
Pero lo que no imaginé, fue que tú tal vez no pensaras igual. Y entonces me planteé a mi misma que tal vez las causas eran lo que determinaban los hechos, y que entonces í importaban.
Por eso le maté sin previo aviso. Porqué quería tener un motivo para hacerlo antes que tu. Y ese es el porqué, ni más ni menos.
Todo ocurrió de noche, bajo la tenue luz de una luna sostenida por un palo en el arcén de la acera.
Tenía ya preparado de antemano un cuchillo afilado, para defenderme, nada más, porque sabía que si lo utilizaba para matarle entonces encontrarían mis huellas y yo no soy tan tonta cómo para no saber eso.
Así que cruzé el umbral de la puerta y adivina a quién me encontré cara a cara ese martes 13: a ella, a mi futura víctima: Javier Ortiz Navarro, también conocido cómo "El Hombre de Cuenca".
És una historia larga de contar, así que de todas formas no resulta importante el porqué se le llama de ese modo.
En fin, nada, que lo que ocurrió después ya lo sabes: no podía sacar la pistola, así que cojí el cuchillo y cómo bien tonta que soy, luego identificaron mis huellas en el arma del crimen, que tuve que dejar allí porque no podía ir por ahí con un cuchillo ensangrentado.
Así que, cuando termines de reírte de tu peón, piensa que antes ha sido tu reina, que casi daba un haque mate al rei.
Y ahora, mientras pienso en ello, me doi cuenta de que siempre he sido un peón: el peón para tu huida, cabrón.
Sí, soy yo y estoi aquí haciendo esto, pero no puedo decirte porqué soy yo o porqué estoi aquí o porqué hago esto. Simplemente, hay que ver los hechos y no las causas de estos. Al menos, eso pensaba yo antes. Antes, al menos, de conocerte.
Sí, sí, no hagas cómo si no hubiera pasado nada. Tú y yo, somos como el cóctel invencible, y por eso pensé que las causas no importaban siempre que los hechos ocurrieran.
Pero lo que no imaginé, fue que tú tal vez no pensaras igual. Y entonces me planteé a mi misma que tal vez las causas eran lo que determinaban los hechos, y que entonces í importaban.
Por eso le maté sin previo aviso. Porqué quería tener un motivo para hacerlo antes que tu. Y ese es el porqué, ni más ni menos.
Todo ocurrió de noche, bajo la tenue luz de una luna sostenida por un palo en el arcén de la acera.
Tenía ya preparado de antemano un cuchillo afilado, para defenderme, nada más, porque sabía que si lo utilizaba para matarle entonces encontrarían mis huellas y yo no soy tan tonta cómo para no saber eso.
Así que cruzé el umbral de la puerta y adivina a quién me encontré cara a cara ese martes 13: a ella, a mi futura víctima: Javier Ortiz Navarro, también conocido cómo "El Hombre de Cuenca".
És una historia larga de contar, así que de todas formas no resulta importante el porqué se le llama de ese modo.
En fin, nada, que lo que ocurrió después ya lo sabes: no podía sacar la pistola, así que cojí el cuchillo y cómo bien tonta que soy, luego identificaron mis huellas en el arma del crimen, que tuve que dejar allí porque no podía ir por ahí con un cuchillo ensangrentado.
Así que, cuando termines de reírte de tu peón, piensa que antes ha sido tu reina, que casi daba un haque mate al rei.
Y ahora, mientras pienso en ello, me doi cuenta de que siempre he sido un peón: el peón para tu huida, cabrón.
viernes, 17 de junio de 2011
Paranoia d'hora lliure VI-
I aqui estem, en la última hora lliure de tot el curs. I com de ràpid passa el curs, oi?
Ho vam deixar en el moment en que l'Alexandra escoltava els gemecs i les confesions entre el Marcel i la Mònica, i mentre ella s'acollonia cada cop més en escoltar el què feien...
Es disposava a marxar de puntetes quan la Mònica va sortir de la cabina i la va veure de ple.
-A... A... Alex!!
El Macel surt ràpidament, agafa l'Alexandra pel bras i li tapa la boca tot dient:
-Com diguis una cosa sobre això, et juro que et donare una pallisa!
L'Alexandra assenteix amb el cap i ell la deixa, mentre es corda el pantaló i baixa el cap.
Caminen tots tres pel passadis, en Marcel al mig, tocant el cul a la Mònica, i apretant fot la mà de l'Alex per recordar-li que ell és més fort.
Quan arriven tots al banc un altre cop, la Joana i el Dani no hi són.
-On han anat?
-No ho sabem.- Diu l'Adriana.- Ens han dit que no trigarien. Pensàvem que havien anat als lavavos amb vosaltre però es veu que no...
En Marcel ja habia deixat de toquetejar a la Mònica i d'apretar fort la mà de l'Alexandra, que s'habia assegut al banc tota seriosa.
-Qualsevol diria que t'han afegit per a fer un trio nena!- Diu el Guerau.
-No, estic cansada. Avui... no he dormit.
-No sembles molt convensuda...
"I es que no ho estic! Ells dos estàven dient com de gran tenien els pits o la... la cosa del Marcel mentre s'escoltaven gemecs! Què collons vols que faci? Riure?!", pensava ella tota esverada. Però no podia dir-ne res.
Mentrestant, la Joana i el Dani estàven en una altra sala: la classe de biologia. Allí segurisim que no el destorava ningu mentre el Dani petonejava el cos de la Joana un altre cop, o mentres tornava a sentirse home d'aquella manera en com s'ho havia sentit aquell dia, llunyà, sí, però aquell dia.
-Pensava que tu i el Marcel...
-Calla...- Diu, tot besant-lo.- No tenim res. Era per posarte gelós.
-Tindriem que tornar.
-Sí...
Baixaven pels passadisos; una escala, dues escales... fins que arriven al banc i se'ls troven a tots.
Felisos, no tenen por de semblar-ho i s'endinen altre cop en el moment en que estàven abans.
És l'hora de sortir, i la Mònica i el Marcel van per una banda, i la resta de gent excepte el Dani per l'altra, i després de reflexionar tota l'hora l'Alex decideix parlar-li a la Joana.
-Joana, tu i jo hem de parlar a soles.
I el brunzit de les fulles en moure's a causa del vent d'estiu, fa que tot sigui més tràgic, dramàtic i perturbador...
Ho vam deixar en el moment en que l'Alexandra escoltava els gemecs i les confesions entre el Marcel i la Mònica, i mentre ella s'acollonia cada cop més en escoltar el què feien...
Es disposava a marxar de puntetes quan la Mònica va sortir de la cabina i la va veure de ple.
-A... A... Alex!!
El Macel surt ràpidament, agafa l'Alexandra pel bras i li tapa la boca tot dient:
-Com diguis una cosa sobre això, et juro que et donare una pallisa!
L'Alexandra assenteix amb el cap i ell la deixa, mentre es corda el pantaló i baixa el cap.
Caminen tots tres pel passadis, en Marcel al mig, tocant el cul a la Mònica, i apretant fot la mà de l'Alex per recordar-li que ell és més fort.
Quan arriven tots al banc un altre cop, la Joana i el Dani no hi són.
-On han anat?
-No ho sabem.- Diu l'Adriana.- Ens han dit que no trigarien. Pensàvem que havien anat als lavavos amb vosaltre però es veu que no...
En Marcel ja habia deixat de toquetejar a la Mònica i d'apretar fort la mà de l'Alexandra, que s'habia assegut al banc tota seriosa.
-Qualsevol diria que t'han afegit per a fer un trio nena!- Diu el Guerau.
-No, estic cansada. Avui... no he dormit.
-No sembles molt convensuda...
"I es que no ho estic! Ells dos estàven dient com de gran tenien els pits o la... la cosa del Marcel mentre s'escoltaven gemecs! Què collons vols que faci? Riure?!", pensava ella tota esverada. Però no podia dir-ne res.
Mentrestant, la Joana i el Dani estàven en una altra sala: la classe de biologia. Allí segurisim que no el destorava ningu mentre el Dani petonejava el cos de la Joana un altre cop, o mentres tornava a sentirse home d'aquella manera en com s'ho havia sentit aquell dia, llunyà, sí, però aquell dia.
-Pensava que tu i el Marcel...
-Calla...- Diu, tot besant-lo.- No tenim res. Era per posarte gelós.
-Tindriem que tornar.
-Sí...
Baixaven pels passadisos; una escala, dues escales... fins que arriven al banc i se'ls troven a tots.
Felisos, no tenen por de semblar-ho i s'endinen altre cop en el moment en que estàven abans.
És l'hora de sortir, i la Mònica i el Marcel van per una banda, i la resta de gent excepte el Dani per l'altra, i després de reflexionar tota l'hora l'Alex decideix parlar-li a la Joana.
-Joana, tu i jo hem de parlar a soles.
I el brunzit de les fulles en moure's a causa del vent d'estiu, fa que tot sigui més tràgic, dramàtic i perturbador...
viernes, 3 de junio de 2011
Un altre dimecres d'hora lliure (V)
Aquest cop ja es van trobar tots al passadis que anava des de l'aula polivalent fins a la porta que donava la sortida al món exterior, d'aire i de vitalitat, on també hi feia calor.
Una calor que excitava als joves. I més a aquests joves.
Uns joves que anaven ven decidits cap al banc entre pins, on es van asseure com van poder.
El Marcel, en canvi, dubtava com seure, perquè avui també hi havia la Mònica i es clar, també la Joana...
Es va seure entre les dues, deixant a en Dani en un segon planol irritant que li feia moltisima ràbia.
-Marcel, maco...- Va començar a dir la Joana- La Mònica i tu sou...¿
-Amics.- Va acabar ell, tot serios.
Tot i així, ningú d'allà s'ho acabava de creure així que fingiren que eren comprensius en la situacio i exteriorment no s'hi van ficar. En canvi per dins, tothom es preguntaava la mateixa pregunta:
¿Fins quan aguantaria el Dani tota aquella tortura?
Van passar uns quinze minuts de pau aparent fins que el Marcel va demanar a la Joana uns moments d'intimitat, i ella el va seguir amb la Mònica fins al lavabo.
-Mònica, tu qui ets i què fas amb el Marcel?
-No hi faig res.
Van callar, silenciosos en la mentida que era tant evident.
-Bé, potser m'h apropo molt, però és ben normal.
La Joana la entenia: ella mateixa s'hi apropava molt i encara no tenia res amb ell.
Així doncs, la Mònica va tenir un pla per a la Joana, per a ajudar-la.
-Tu vas amb el Dani, sola, mentre ell i jo parlem a les escales o alguna cosa així i d'aquesta manera li fas veure que si que li importes, pero s'adonarà que no de la mateixa manera i no et podrà recriminar res en cas que tingues pensat fer-ho.
A la Joana li va semblar bé el pla i el va dur a terme en menys de cinc minuts, innocent com n'era, mentre en Marcel s'apretava a la Mònica en una de les cabines del lavavo de noies.
-En realitat, tu ets millor Mònica.
-S'ho ha empassat la pobra...
Un petó del Marcel la va fer callar. O potser va callar més coses que s'haurien d'haber dit, més coses que haurien de sortir a la llum, com el dia anterior en Marcel realment havia tingut un contacte sexual amb la Joana, però el va trobar poc apsionat en comparació amb el que ell veia capas a la Mònica.
Però no donava temps a explicar tantes coses quan, en un tres i no res, et trovaves a una noia despullada, molt bona per cert, davant teu. I t'oferia els pits sense timidesa, s'oferia a fer-te coses sense tallar-se, i sense queixar-se del fet d'haver anat massa ràpid, i en un lloc com aquell.
Però el Marcel que la Joana havia conegut era diferent al Marcel pervertit i sortit que era en realitat.
Tot i tenir un fisic realment bo, i un pel atractiu, amb un aspecte de poder ser el noi més tendre del món, però alhora ser el més malparit.
I ell era, mentre estava al lavabo, el noi més malparit del món sencer, en aquell moment.
I la pobra Joana, que es pensava que la Mònica feia el mateix que ella i que ella no serie tan puta d'enrotllar-se amb en Marcel quan exactament era allò el que estava fent. Quan era allò, exactament, el que ella pretenia enviant-la amb en Dani.
Però l'Alexandra, quan va veure apareixer la Joana sola per les escales, no es va creure res i va anar al lavabo.
I allà mateix, al lavabo de noies, va escoltar coses que ni sabia que passaven allà dins.
Una calor que excitava als joves. I més a aquests joves.
Uns joves que anaven ven decidits cap al banc entre pins, on es van asseure com van poder.
El Marcel, en canvi, dubtava com seure, perquè avui també hi havia la Mònica i es clar, també la Joana...
Es va seure entre les dues, deixant a en Dani en un segon planol irritant que li feia moltisima ràbia.
-Marcel, maco...- Va començar a dir la Joana- La Mònica i tu sou...¿
-Amics.- Va acabar ell, tot serios.
Tot i així, ningú d'allà s'ho acabava de creure així que fingiren que eren comprensius en la situacio i exteriorment no s'hi van ficar. En canvi per dins, tothom es preguntaava la mateixa pregunta:
¿Fins quan aguantaria el Dani tota aquella tortura?
Van passar uns quinze minuts de pau aparent fins que el Marcel va demanar a la Joana uns moments d'intimitat, i ella el va seguir amb la Mònica fins al lavabo.
-Mònica, tu qui ets i què fas amb el Marcel?
-No hi faig res.
Van callar, silenciosos en la mentida que era tant evident.
-Bé, potser m'h apropo molt, però és ben normal.
La Joana la entenia: ella mateixa s'hi apropava molt i encara no tenia res amb ell.
Així doncs, la Mònica va tenir un pla per a la Joana, per a ajudar-la.
-Tu vas amb el Dani, sola, mentre ell i jo parlem a les escales o alguna cosa així i d'aquesta manera li fas veure que si que li importes, pero s'adonarà que no de la mateixa manera i no et podrà recriminar res en cas que tingues pensat fer-ho.
A la Joana li va semblar bé el pla i el va dur a terme en menys de cinc minuts, innocent com n'era, mentre en Marcel s'apretava a la Mònica en una de les cabines del lavavo de noies.
-En realitat, tu ets millor Mònica.
-S'ho ha empassat la pobra...
Un petó del Marcel la va fer callar. O potser va callar més coses que s'haurien d'haber dit, més coses que haurien de sortir a la llum, com el dia anterior en Marcel realment havia tingut un contacte sexual amb la Joana, però el va trobar poc apsionat en comparació amb el que ell veia capas a la Mònica.
Però no donava temps a explicar tantes coses quan, en un tres i no res, et trovaves a una noia despullada, molt bona per cert, davant teu. I t'oferia els pits sense timidesa, s'oferia a fer-te coses sense tallar-se, i sense queixar-se del fet d'haver anat massa ràpid, i en un lloc com aquell.
Però el Marcel que la Joana havia conegut era diferent al Marcel pervertit i sortit que era en realitat.
Tot i tenir un fisic realment bo, i un pel atractiu, amb un aspecte de poder ser el noi més tendre del món, però alhora ser el més malparit.
I ell era, mentre estava al lavabo, el noi més malparit del món sencer, en aquell moment.
I la pobra Joana, que es pensava que la Mònica feia el mateix que ella i que ella no serie tan puta d'enrotllar-se amb en Marcel quan exactament era allò el que estava fent. Quan era allò, exactament, el que ella pretenia enviant-la amb en Dani.
Però l'Alexandra, quan va veure apareixer la Joana sola per les escales, no es va creure res i va anar al lavabo.
I allà mateix, al lavabo de noies, va escoltar coses que ni sabia que passaven allà dins.
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